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Ducharse sin ayuda: un curado tras 88 días en la UCI ve un logro en cada paso

  • Escrito por Lorena Rodríguez de la Torre
  • Publicado en Crónicas

Manuel Vázquez tiene 71 años, es de Cortegada (Ourense), pasó 88 días de estancia en una UCI y, en su presente, por el mero hecho de "ducharse sin ayuda" se siente muy feliz. Se infectó por coronavirus tras un viaje a Benidorm que hizo el pasado febrero.

Está casado y es padre de tres hijas. Engrosa la lista de los curados y al fin percibe que lo que enfrenta es la singladura de la luz. Una noticia muy positiva tras una larga travesía por la unidad de críticos del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO), un calvario en el que hubo momentos muy duros, para su familia y para él mismo lógicamente, en la particular batalla que libraba contra un minúsculo agente infeccioso de fácil transmisión.

Lo que ansían todos ahora es que cuanto antes le den el alta para que pueda continuar su recuperación, que se prevé larga, en la tranquilidad de su hogar. Cada logro, cada progreso de él, los suyos al completo lo celebran como una victoria, como "si nos hubiese tocado la Euromillones”.

Lo cuenta su hija Patricia, la que es personal técnico en el 061. El primer día que Manuel se bañó solo quedó grabado a fuego en la mente de sus más próximos. "¡Me emociono hasta diciéndolo! Es así". Ella nunca pensó, cuando comenzó la emergencia, que viviría tan de cerca esta enfermedad.

Su padre ingresó el pasado 22 de marzo y su traslado a planta es muy reciente. Hoy Patricia siente sosiego, porque el hombre que le dio la vida ha dado negativo y se recupera, está confirmado. Su nueva ubicación es la de intermedios respiratorios en la planta de neumología, donde permanece a la espera de poder recibir el alta.

Hace otra observación: “Como sanitaria estaba preparada para enfrentarme a esta pandemia. Para lo que no estaba preparada era para que me tocase a nivel personal”, relata, y puntualiza que pese a estar acostumbrados a tratar a diario con diferentes enfermos y con sus patologías, “nunca estás preparado del todo”.

Lo diferente con el SARS-CoV-2, matiza, es que era “una enfermedad desconocida", ahora un poco menos, "para la que no hay tratamiento". "En lo laboral al final fue duro y en lo personal también.

Primero quieres pensar que no va a ser tan grave, pero pasan los días y empiezas a tener fases de ira, de rabia, y te preguntas por qué te tocó a ti”. Una de las cuestiones más tremendas para ella en la esfera íntima ha sido el tener que pasar este trago con una enorme preocupación y sin un contacto fluido presencial con los suyos, con los que tiene una relación tan cercana.

Ha estado Patricia arropada en todo momento por sus compañeros, a los que en la actualidad, después de todo este periplo, siente como “una familia”.

Su madre viajó junto con su progenitor pero quiso la suerte que no se contagiase. Cuando su padre llevaba una semana con síntomas similares a los de una gripe, en una de las conversaciones telefónicas Patricia sospechó que podía tratarse de la covid-19 por su tos.

El resto de sus parientes no querían ni pensar que tuviese el "bicho". “Pensaron que estaba exagerando, pero por mi trabajo sabía que empezaba a haber allí los primeros casos”. Tan concienciada estaba que cuando volvieron a casa, a su vivienda de Cortegada, ella les pidió que se aislasen desde el primer momento. De los recados y las compras se encargaba Patricia, que estuvo acertada en su intuición.

Esta mujer solamente tiene “palabras buenas y de agradecimiento” para todos los profesionales que se volcaron en los cuidados de Manuel, pues en intensivos estaba a buen resguardo: “Tendría 50.000 adjetivos para ellos y ninguno malo”.

Con el regreso a la nueva normalidad, Patricia ruega prudencia: “A los que hacen vida normal como si no pasase nada, les diría que no hay tratamiento, que no hay vacuna, que ese virus sigue conviviendo con nosotros y que no pasa nada por esperar un poco”.

Porque la cara amarga está ahí, razona, un proceso doloroso en caso de contraer el virus, y un "sabor amargo" por todos aquellos “que perdieron a los suyos y ni despedirse de ellos pudieron”. “La gente... que se lo piense bien. De esto que nos tocó a nosotros, nadie está libre”, se despide. EFE.