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La barriada de los Asperones: donde los deberes se reparten con la comida

  • Escrito por María Alonso
  • Publicado en Crónicas

En la barriada malagueña de Los Asperones no hay clases virtuales. Allí, donde el noventa por ciento de las familias viven bajo el umbral de la pobreza y apenas hay internet, los profesores aprovechan el reparto de comida para entregar los deberes a sus alumnos.

En lugar de por correo electrónico, los envían junto a la bolsa con la leche y el pan. Según explica en una entrevista con Efe el director del colegio del barrio —el María de la O—, Patxi Velasco, éste ha sido el único método que se le ha ocurrido al profesorado para poder continuar con la docencia desde que, como consecuencia del coronavirus, hace más de dos meses se cancelaron las clases presenciales.

“El procedimiento que tenemos para que sigan su formación no es el más habitual”, reconoce. Cuenta que, después de que los maestros diseñen las fichas y materiales, las imprimen en el colegio y se las preparan junto a las bolsas de comida gracias a las que se alimentan, tanto ellos como sus familias.

Velasco señala que, al aprovechar el reparto de los bancos de alimentos, por lo menos consiguen “cierto contacto” con los niños. Pero reconoce que con esta situación no es nada sencillo hacer un seguimiento de todos ellos, a pesar de que los maestros están realizando cursos y formándose.

“Hay muchos retos”, comenta. Indica que el día a día de la mayoría de sus alumnos no es nada fácil. “Se han quedado sin ingresos, no tienen ahorros y estar hacinados en una chabola no es igual que estar en una casa".

Señala que muy pocos tienen ordenador, wifi o datos móviles, que los cortes de luz son frecuentes y que muchos padres no saben cómo ayudar a sus hijos y lo están pasando mal. “Algunas madres se desesperan y nos dicen que a ver si empezamos ya”.

Explica que, para intentar ayudarlos, algunos docentes hacen tutorías por teléfono. Cuenta que también se han creado grupos de Facebook y WhatsApp donde se envían vídeos con explicaciones y con clases, pero que esta dimensión tecnológica no llega a más del treinta por ciento del alumnado.

“Dejamos la wifi del colegio abierta para que al menos las familias que viven cerca del colegio puedan conectarse”, informa. Dice que algunas, en la franja horaria en la que les está permitido salir de sus viviendas, suben al colegio para entrar en la red, ya que es el único punto con internet abierto que hay en el barrio.

Después de más de dos meses desde que se declaró el estado de alarma, aún no ha llegado material informático para los niños, pero afirma que aunque “ha costado reaccionar”, ahora van a recibir una ayuda para el alumnado de sexto que tenga mayores dificultades tecnológicas.

Pero lo que más preocupa al director del centro es la llegada del verano, ya que, aunque finalmente están empezando a llegar las ayudas alimenticias de los servicios sociales –por lo que las familias ahora mismo están “algo más relajadas”— hay mucha incertidumbre sobre lo que pasará.

Explica que las garantías alimentarias del colegio —con las que llegan al ochenta por ciento de las familias— desaparecen cuando acabe el curso, y comenta que algunos fondos llegaban hasta agosto pero, a día de hoy, ya se están terminando.

Pero Velasco confía en que la desescalada continúe avanzando y que los vecinos tenga un poco más de movilidad para poder, por ejemplo, volver a vender ajos, hierro y chatarra. “Como aquí decimos, el cambio significativo del barrio va a ser cuando abran las chatarrerías. Ésa es la normalidad que nos hace falta”, concluye. EFE.