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Jorge Fernández, mago y dueño de un parque de ocio: “Nos olvidan”

  • Escrito por Ana Martínez
  • Publicado en Crónicas

Jorge Fernández Jiménez es mago infantil y tiene un local de ocio de 400 metros cuadrados que, hasta la llegada del virus, funcionaba estupendamente. Hoy, siente que nadie habla de un colectivo que ha decidido lanzar un manifiesto con el que buscan la visibilidad.

"No estamos en ninguna fase", es su queja. Él es castellano y vive en Galicia desde 2002. Estuvo trabajando para una empresa que se arruinó con la crisis de 2008 y en 2009 se fueron todos al paro.

En los años noventa, probó como autónomo, al frente de dos bares. Y, cuando se vio desempleado, como el mercado estaba muy mal, decidió volver a ponerse por su cuenta. Dado que vivía en Bertamiráns, en el ayuntamiento coruñés de Ames, vio, tal y como cuenta en una entrevista con Efe, que había un buen “nicho de mercado” en el sector infantil y que en ese momento no existía en la zona un espacio cerrado de ocio para este segmento de la población.

“Yo con los niños siempre he tenido muchísima empatía y siempre me había gustado trabajar con ellos. Además, me encanta la magia. Soy mago infantil”, comenta, de modo que, ni corto ni perezoso, decidió ponerse manos a la obra.

“Me costó muchísimo esfuerzo, sobre todo conseguir la financiación. Luché bastante, planes de empresa y tal y cual. Pero al final pude conseguir un local y empezar con 'A Mona Ramona', el objetivo”, que es el nombre de su establecimiento.

Ese proyecto tan suyo siempre disfrutó de una gran aceptación, desde sus comienzos. Con la llegada de la competencia, en 2016 quizás notase un poco de bajón pero le surgió a Jorge la oportunidad de ampliar con el local de al lado y hubo que obrar.

Así, sumó 180 metros cuadrados a los 220 de los que disponía. “Se metieron juegos nuevos, una tirolina, rocódromo, camas elásticas, unas casitas de madera muy chulas y, sobre todo, pensamos en la edad de los pequeñitos, porque había un 'Baby Park' muy chiquito. Así que hicimos un espacio bastante más grande con juguetes de psicomotrocidad para ellos”. De nuevo, una acogida “buenísima”. Empezaron a llegar incluso clientes de Santiago de Compostela, la capital gallega.

“Nos lo montamos muy bien. Llevábamos dos años y medio trabajando fantásticamente”, explica el propietario, que añade: “Los veranos para este sector son flojos, evidentemente, pero no ha habido queja. Tiramos para adelante, pagamos las facturas, que es de lo que se trata, y trabajábamos dignamente. Hasta que llegó el Covid”. Y su sector, igual que muchísimos otros, se vio inmerso en un “parón brutal” y, ahora mismo, en una gran incertidumbre.

“Porque la hostelería es un sector muy fuerte del que se habla mucho y poco a poco las cosas van a ir volviendo a una relativa normalidad, digámoslo así. ¿Pero nosotros? Estamos atascados”.

Jorge es una voz, pero hay muchas otras. Han hecho un grupo de WhatsApp, que ya tiene su reflejo en Facebook, en el que están 130 representantes de ocio exterior, como campamentos de verano, e interior, caso de los parques infantiles.

“Lo que pensamos todos es que estamos en un limbo absoluto, porque no nos encontramos en ninguna fase de la desescalada y básicamente eso ocurre por la imposibilidad de mantener la distancia de seguridad exigida entre los pequeños”.

A ello se suma la “indignación” que les produce el hecho de que nadie les recuerde. “Todavía nadie habló de nosotros. Ni desde el Gobierno central ni desde los autonómicos. Por eso queremos que se nos escuche y que nos digan cómo podemos cumplir la normativa, si es que podemos”, reclama.

En su casa, a veces piensa Jorge que a lo mejor no van a poder abrir hasta que realmente exista una vacuna o el colegio recobre la normalidad total, que los niños puedan ir a clase sin miedo, sin restricciones, con patio compartido, con comedores y “con todo”.

Si se pone en el escenario de que tengan que estar cerrados muchísimos meses, afrontar la mayoría de los gastos fijos es inasumible y muchísimos, o todos, echarían el cierre. Si no pueden retornar a la actividad, la necesidad de ayudas es imperante, o así al menos lo considera este portavoz de tantos. Él tiene 400 metros cuadrados, pero hay quien tiene cien y otros tres mil.

“Desinfectar una zona así, ya todos nos podemos hacer a la idea, ¿verdad?. Si hacemos cumpleaños a puerta cerrada, no podemos garantizar el distanciamiento social de los niños. ¿Es viable tener un negocio abierto para hacer un cumpleaños diario y que no dé para cubrir gastos fijos? Porque si no eres el propietario del inmueble”…, desliza.

Y suma otro lamento: “Este es un sector que estaba en auge y de repente hemos desaparecido del mapa. Nadie habla de los niños en este formato. Si nos hicieran abrir con un aforo limitado, cuando en el patio de un colegio los niños no pueden jugar libremente y tampoco en un parque exterior de la calle, ¿cómo van a jugar en un parque de ocio cerrado? Yo es que lo veo totalmente inviable”.

“Ni siquiera llevando mascarillas, porque se van a tocar la cara y a sudar. Yo, como padre, me cuestionaría el llevar a mis hijos a una instalación con esas obligaciones por medio. Si a mí me pasa, ¿los padres querrán llevar a sus hijos? Es difícil.

Que nos den las ayudas necesarias hasta el final de la pandemia o no sé ya”, expone. Los parques infantiles de iniciativa privada, como 'A Mona Ramona', dicen estar "desamparados", al no estar incluidos en las distintas fases de la desescalada, y en una situación límite ante el frenazo derivado de las medidas adoptadas para contener la pandemia.

El denominado colectivo infantil y juvenil de Galicia, del que forman parte ahora mismo más de un centenar de negocios, ha firmado un texto elaborado de manera conjunta en el que exponen la situación de desasosiego en la que se hallan.

En la misiva remitida a las huestes gobernantes, apuntan, como ha relatado Jorge, que es muy complicado para ellos cumplir con la distancia social, puesto que en el juego la interacción es clave para lo que es el desarrollo psicosocial y por tanto solicitan que se les sitúe en el mapa, si es viable, en el momento en que el riesgo sea "mínimo", pues “cero” no hay.

No se trata de "abrir a cualquier precio", abundan, de manera que inciden en la doble necesidad de acertar con el plazo y de contar con un plan sanitario seguro y viable económicamente.

De no ser posible lo que proponen, se detienen en la importancia de las medidas de ayuda para con un sector estructuralmente necesario en la sociedad. Así las cosas, exigen, en definitiva, que se les "tenga en cuenta". EFE.