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Del norte de Italia a Aranjuez, una heroína con "disfraz"

  • Escrito por Patricia de Arce
  • Publicado en Crónicas
Fotografía facilitada por la anestesista Cinzia Cucchi en el Hospital del Tajo en Aranjuez, Madrid. EFE/ Montserrat Del Olmo Fotografía facilitada por la anestesista Cinzia Cucchi en el Hospital del Tajo en Aranjuez, Madrid. EFE/ Montserrat Del Olmo

Cuando hace diez años abandonó Crema (Italia) para empezar una nueva vida junto a su marido en España, nunca imaginó que su ciudad y su país vivirían una pandemia como la que ha traído el coronavirus... Ni que ella estaría luchando contra la misma tragedia en un hospital madrileño.

Se llama Cinzia Cucchi, tiene 45 años y es anestesista en el Hospital del Tajo, en Aranjuez (Madrid). Ahora forma parte del equipo de facultativos que lucha en primera línea contra el COVID-19 en este centro. Cuando conversa por teléfono con EFE, acaba de salir de una guardia de veinticuatro horas y no está en absoluto cansada. Al contrario, se siente hiperactiva y tiene ganas de hablar.

TAN LEJOS Y TAN CERCA

"Es la adrenalina, estoy así desde que comenzó todo, cuesta mucho descansar en un momento como éste", explica desde la habitación del hotel en el que se aloja. Porque aunque tiene su casa muy cerca del hospital, Cinzia ha decidido instalarse en el hotel medicalizado que ha montado este centro sanitario.

Allí todavía hay pocos enfermos, pero sí varios profesionales como ella que, dada su exposición diaria al coronavirus, han decidido separarse de sus familias para evitar el contagio. Su esposo, Vicente, se ha quedado en casa con los niños, que tienen cinco y siete años. Ella sólo los ve cuando les lleva la compra y se saludan, desde lejos, en el jardín.

Por eso el tiempo pasa tan despacio en el hotel, y tan deprisa en el hospital, donde Cinzia y sus compañeros de departamento se han unido a los intensivistas -ella tiene las dos especialidades, porque en Italia van unidas- y trabajan mano a mano para atender a los enfermos de coronavirus.

"L'ARTE DI ARRANGIARSI"

Cuando la pandemia golpeaba ya sin tregua en su tierra natal -su ciudad, en la provincia de Cremona, está a quince kilómetros del famoso Codogno, conocido como la zona cero europea del coronavirus- y la familia que tiene allí ya estaba confinada, Cinzia avisaba a sus colegas en Madrid e insistía en que el mismo "tsunami" estaba a punto de azotar España. Vivió días de mucha angustia hasta que comenzaron a tomarse medidas también aquí.

Y de aquella sensación a otra, la de la enorme responsabilidad de estar en el equipo del hospital que cada día atiende a los infectados. Esta crisis ha conseguido, entre otras cosas, que anestesistas e intensivistas -dos departamentos que tienen sus más y sus menos entre ellos, reconoce- se entiendan mejor que nunca. Y ese clima de solidaridad y trabajo en equipo se extiende por todo el centro.

El Hospital del Tajo es pequeño pero ha doblado su capacidad de UCI y se ha readaptado para atender a los enfermos de la pandemia. Y aunque las condiciones en un centro así son en principio mejores que en los hospitales grandes, la tarea es igualmente muy difícil. Sobre todo las labores de triaje, por las que se elige quién entra antes en UCI dependiendo de su gravedad y su patología.

Son decisiones muy duras que Cinzia cree que dentro de un tiempo les pasarán factura psicológicamente. Por ahora, en cualquier caso, cuentan en el hospital con ayuda psicológica, como también están a su disposición los fisioterapeutas del centro. También el material es justo, y eso es algo que le agobia mucho, por eso practica "a tope" lo que en su país llaman "l'arte di arrangiarsi" (el arte de apañarse).

LA VOZ DEL QUE SALE ADELANTE

Pero frente a la angustia que se ha vivido en algunos momentos y entre la necesidad de elegir, los esfuerzos por curar y la impotencia de ver morir a enfermos de coronavirus, Cinzia recuerda también la enorme alegría que traen consigo quienes salen adelante.

Y es "fantástico", explica, oír por primera vez la voz de un infectado que acaba de ser extubado. Ahora que parece que lo peor está a punto de quedar atrás y se empieza a hablar del final del confinamiento y de ir relajando medidas, Cinzia confiesa que vuelve a preocuparse. En España quedan al menos veinte días de confinamiento, pero en la tierra natal de Cinzia empieza a haber cambios. Por ejemplo ya se puede salir a la calle con los niños una hora. Y sin embargo, cuenta a EFE, los italianos no quieren salir aún. Una situación que no cree que se repita en España.

"Es que no nos parecemos -los italianos y los españoles- tanto como se dice, sobre todo si hablamos del norte de Italia", apunta. Y recuerda que en esa zona de su país la gente trabaja y después se va a casa, no alterna tanto como en España. "No hay terracitas ni el mismo ambiente. Y aquí la gente tiene otro carácter, más cercano, se toca y se besa mucho", avisa Cinzia, quien teme que cuando se pueda salir aquí se corran nuevos riesgos.

Ya habrá tiempo de pensar en eso. Ahora Cinzia está dedicada en cuerpo y alma a su trabajo en el hospital, aún a costa de vivir separada de su marido y sus hijos. Los días pasan entre el intenso trabajo en la UCI y la vida en el hotel junto a otros compañeros -como el jefe de intensivistas y la jefa de urgencias, que también se alojan allí-, su 'familia' en estos momentos.

Cuando le preguntas si los profesionales sanitarios merecen una paga extraordinaria o algún tipo de compensación en estos momentos, ella se ríe y explica que no eligió esta profesión por dinero, aunque esté bien pagada, y sólo pide que se les reconozca. Ella sigue siendo interina, y antes de esta emergencia sanitaria estaba preparando la oposición. "Mira si esto no es un examen", apunta.

"MAMÁ ES SUPERHÉROE Y TIENE UN DISFRAZ"

En cualquier caso se siente muy agradecida del apoyo que ella y sus compañeros están recibiendo, y se emociona con las muestras de solidaridad, las donaciones o el apoyo de los vecinos -los mismos pacientes que antes se quejaban, bromea-.

Como se emociona cuando ve a los enfermos manteniendo videollamadas con los suyos con las tabletas que hay en el hospital. También Cinzia habla con su familia siempre que puede. Y no sólo eso. Su marido le escribe poemas. El día que conversa con EFE ha recibido el último, titulado "A la batalla". Cómo no se iba a enamorar de él, dice. La despedida de Vicente y los niños fue muy dura.

Aunque al principio los pequeños pensaban que se iba a Italia de fin de semana largo, como otras veces, ahora son conscientes de que su madre está trabajando en algo muy importante en este momento que obliga a mantenerles separados.

El mayor le dijo un día que tenía miedo de que no volviese. y Cinzia le llamó para decirle que no se preocupara, que ella era una "superhéroe" y tenía incluso "un disfraz". Se hizo una foto con el equipo de protección y se la mandó. Y su hijo respondió con halagos a su heroína, todo orgulloso. Como para no estarlo. EFE.