LA ZURDA

China, sexo y Trump: nada escapa al "enfant terrible" keniano Michael Soi

Michael Soi. EFE/EPA/STR Michael Soi. EFE/EPA/STR

Ni el neocolonialismo de China en África, ni el sórdido mundo del comercio sexual en Nairobi, ni las patochadas de Donald Trump: nada escapa al provocativo pincel de Michael Soi, todo un "enfant terrible" del arte en Kenia. Pintor casi maldito por la incisiva carga satírica de su obra, Soi irrumpió en la escena cultural keniana a finales de los años noventa como innovador artista de la denominada "segunda generación" del Kuona Trust, promotor del arte visual en este país africano.

Desde entonces, este admirador confeso de maestros como el español Pablo Picasso o el mexicano Diego Rivera se ha convertido en una figura de culto en África del Este que ha expuesto su trabajo en Japón, Estados Unidos y Europa. Casas de subastas internacionales como la londinense Bonhams o la parisina Piasa también se han rendido a Soi, de 47 años, y ofrecen a menudo sus cuadros al mejor postor.

"El mercado me sigue", pero "no estoy influenciado por el mercado", comenta a Efe en su estudio, una caseta acristalada verde y amarilla que se alza sin pretensiones a la sombra de dos árboles en un discreto recinto amurallado que vigila un sonriente "askari" ("guarda", en suajili) en Kilimani, un acomodado barrio de Nairobi.

Es un pintoresco universo que mezcla coloridos lienzos, montañas de botes de pintura acrílica, un sinfín de pinceles, botellas de un bourbon que Soi define como "zumo creativo" y aromáticas cajas de habanos ("me gustan los puros cubanos", confiesa). En la serenidad de ese refugio, quebrada acaso por alguna canción del cantautor hispano-francés Manu Chao ("Empecé a aprender español -dice- porque quería entender su música"), el pintor se afana en "capturar momentos para la posteridad" de Nairobi, su gran musa.

POLÉMICOS DESNUDOS FEMENINOS

Su estilo resulta tan inconfundible como una lata de sopa Campbell del mito del arte pop Andy Warhol: complejas viñetas de apariencia sencilla donde predominan colores brillantes, líneas negras de trazo grueso y miradas de ojos muy abiertos que denotan sorpresa. Todo aliñado siempre con una dosis de denuncia subliminal.

"Esos ojos normalmente cuentan historias muy tristes u oscuras", matiza Soi, ataviado con camiseta y pantalón corto grises, mientras ultima un cuadro sobre la "economía del amor" en el que colorea de rosa la sábana que cubre a un barbudo señor blanco postrado en una cama junto a una chica africana medio desnuda que fuma un pitillo.

Esa obra aborda uno de sus temas recurrentes, el tabú de las "transacciones" del "comercio del sexo" en una metrópoli multiétnica como Nairobi, donde reina la hipocresía y nadie admite en público el trato con prostitutas: pero "son nuestros hermanos, nuestros tíos, nuestros colegas del trabajo, nuestros padres, nuestros hijos" quienes espolean "la enorme demanda de sus servicios".

"Intento contar la historia de cómo los hombres africanos perciben a las mujeres como objetos de placer y artilugios de entretenimiento", explica el autor, quien en uno de sus lienzos se refiere a esos varones como "Los lobos de Nairobi".

En una sociedad tan conservadora y religiosa como la keniana, los famosos desnudos femeninos de sus cuadros le han costado a Soi epítetos como "inmoral" o "pornográfico", hasta el punto de que el Museo Nacional de Kenia ha vetado la exhibición de sus obras.

"¡Eso es un escándalo, es ignorancia!", exclama sobre ese veto, al defenderse de sus detractores: "Yo -zanja- no soy controvertido en absoluto. Sólo documento la sociedad. La controversia no reside en mí, sino en la propia sociedad".

LA "COLONIZACIÓN" DE CHINA EN ÁFRICA

La corrupción de los políticos tampoco se libra de su paleta. "La política, desgraciadamente en muchos países africanos, no es para servir a la gente. La política en África es para adquirir mucha riqueza", lamenta el artista, al reclamar un cambio de la sociedad "radical, como la Revolución Francesa", pero "sin cortar cabezas".

Esos políticos han creado el "entorno propicio" para el desembarco de China como omnipresente inversor en el continente, asevera Soi, al apuntar en el estudio a un lienzo que representa al presidente chino, Xi Jinping, como un Jesucristo vestido con bata que abraza un maletín lleno de dólares mientras le rinde pleitesía de rodillas una cohorte de discípulos africanos en calzoncillos.

La obra integra "China Loves Africa", una exitosa serie de la que se han llegado a vender cuadros por cerca de 57.000 euros y en la que el pintor keniano cuestiona los supuestos beneficios para el continente del llamado "mercantilismo de los palillos chinos". "Eso es una forma de colonización económica.

Es una situación de beneficio mutuo para los políticos (africanos) y los chinos, pero no para las masas de gente" en África, reprocha el artista, al criticar los préstamos chinos para la construcción de infraestructuras que en el futuro pagarán "los adolescentes de hoy cuando tengan 25 años".

TRUMP Y LOS "BOLSOS DE LUPITA"

Una tirria parecida hacia China siente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, blanco también de su mordaz pincel porque, a su juicio, simboliza una "desafortunada" realidad de la sociedad actual: "la estupidez se ha convertido en la nueva genialidad".

"Me interesé en Donald Trump -explica- porque me resulta muy curioso que pueblos bien informados y educados como EEUU se vayan a la cama, se levanten y elijan a alguien como Donald Trump. Para mí, no tiene ningún sentido". En uno de sus acrílicos sobre lienzo, Soi muestra a Trump como una inocente bailarina de ballet ataviada de unas mallas para practicar yoga que danza al son de la guitarra que toca el presidente de Rusia, Vladímir Putin, encarnado en un rockero.

Todo un alegato sobre la supuesta interferencia rusa en las elecciones que en 2016 dieron la victoria al magnate neoyorquino, un triunfo que se repetirá en los comicios de noviembre próximo, augura el pintor con resignación: "es una desgracia, pero es lo hay".

La popularidad de Soi se ha visto, asimismo, catapultada por el furor de la venta de los llamados "bolsos de Lupita", una serie de bolsos grandes de estilo playero estampados con los rostros de sus célebres mujeres de ojos muy abiertos o con enormes gafas de sol.

La locura se desató en 2015, cuando Lupita Nyong'o, la estrella de Hollywood keniana nacida en México, divulgó en su cuenta de la red social Instagram una foto en la que aparecía con un bolso de su compatriota que se hizo viral y atrajo unos 50.000 "me gusta".

"Ella publicó la imagen del bolso y pasé de hacer 10 bolsos al mes a confeccionar 10 al día (...). Son ya más de 10.000", cuenta el artista, quien ahora "rara vez" se dedica a ese menester porque consume "mucho tiempo" y él no se considera un "comerciante". "De verdad, no es lo mío (...). Yo sólo quiero pintar cuadros. Mi trabajo nunca me reportará ninguna gloria. Y eso es algo bueno", zanja este "enfant terrible" del arte africano que a nadie deja indiferente. EFE.