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“(Arantxa) Magnani Aperta”

Foto de Gonzalo Mayoral Foto de Gonzalo Mayoral

Si acudís a la calle Desengaño veintidós, en la zona detrás de la Gran Vía de Madrid, y subís después la escalera del vetusto pero estupendo edificio hasta el cuarto “a”, una asistente os abrirá la puerta y de pronto os encontraréis metidos de lleno en el domicilio romano de la mismísima Anna Magnani, la diva del pueblo. A partir de entonces tenéis una hora y veinte para acompañarla mientras espera que venga su hijo Luca a llevarla al hospital del que ya no saldrá nunca. Estamos en 1973.

Es la despedida de una vida y la soledad de la mujer valiente. Quien reflexiona ahora es la actriz que vive en esa misma casa; y no, no es que esté suplantando a la “Mamma Roma” consagrada por Pasolini, sino que la propia Magnani parece hablar por boca de Arantxa de Juan desde que hace cuatro años decidió dar con esta obra un giro a su vida profesional.

Estaba aburrida y desesperanzada, que es lo peor que se puede estar en este oficio, así que me fui a Nueva York acompañada por Susan Batson” Enseguida, Arantxa me aclara que la tal Batson es nada menos que la coach de Nicole Kidman y Juliette Binoche entre otras “doñasnadies” de la interpretación, de modo que estaba claro que de aquel viaje iba a salir algo intenso. Fue ella la que me sugirió recrear la vida de la Magnani, y esa sola idea me permitió re enamorarme de la profesión. Lo que aún no sabía es que iba a acabar escribiendo, interpretando y dirigiendo el proyecto. Tenía muy claro, sin saberlo, lo que quería contar, y poco a poco me fui desprendiendo de gente porque no respondía a mi idea. Prescindí incluso del espacio de un teatro y decidí acondicionar mi casa para convertirla en la puesta en escena del espectáculo.

De hecho, Arantxa estaba a punto de vender su piso antes de acometer la empresa, pero en vez de mudarse ella quien lo hizo fue “la Populana”, que así se conoce también a quien mejor encarnó en el siglo XX la figura de la madre coraje, y no sólo en Italia. El coraje, pues, fue también el primer rasgo de carácter con el que Arantxa empezó a identificarse con Anna. Está su valentía, pero también su sentido del humor... Basta recordar aquella salida de la Magnani cuando en Hollywood pretendían disimularle las arrugas: “No me las quitéis, que me ha costado mucho conseguirlas.”

En realidad hay muchas Magnani en Anna y también en Arantxa, y todas desfilan por el espectáculo en un monólogo interior que “soporta” la cuidadora de la actriz, otra actriz, Nerea Portela, impagable compañera que me aguanta la tabarra ¡Bueno, la mía no, la de la italiana! Está, por ejemplo, la Magnani madre, en una relación muy difícil; también la intelectual, íntima del dramaturgo Tennessee Williams... y junto a estas la cantante y la activista, unidas las dos facetas cuando recrea aquel número mítico de su revista de posguerra con el genial Totó, ella envuelta en la bandera tricolor en una hilarante sátira del “romance” de Italia con el fascista Mussolini. Aquella “diosa proletaria” de profundas ojeras a quien las madres de Italia daban sus hijos a besar tenía también, por fuerza, un pensamiento político progresista.

Emerge además la Magnani temperamental y despechada por la deserción sentimental de su compañero y mentor, Rossellini; aquel que le ayudó a modelar su carisma con la dramática carrera tras el camión en el que los nazis se llevaban a su marido de ficción en ‘Roma, Cittá aperta’ Roberto, el director, se fue tras otra musa, más sueca y de apellido Bergman, pero Anna les encontró en Strómboli mientras rodaban la película homónima que tendría que haber interpretado ella. No fue casualidad; la Magnani se las arregló para producir una película “gemela”, ‘Vulcano’, al mismo tiempo y en la misma isla, y en los descansos y por las noches se subía a una loma para increpar a su rival al grito de “¡Puttana!”

Pero, en fin, dicen que “un clavo saca otro clavo”, y Arantxa me recuerda que Anna también es la sexy, la que se lía con jovencitos, y sobre todo la feminista ¿Qué hubiera pensado ella del actual movimiento “Me too”? Nuestra protagonista no lo duda: ¡Ella habría sido el “Me too”, su mayor abanderada! Piensa que en aquella época (los cincuenta y sesenta) se plantó hasta conseguir cobrar lo mismo que los galanes con los que compartía plató; iconos sagrados como Brando, en ‘Piel de serpiente’, o Burt Lancaster, en ‘La rosa tatuada’, la película que le dio el Oscar... ¡Y eso sin ser ella precisamente una “galana”, tiene mérito! -le apunto. Arantxa se ríe con la franqueza y el carácter arrollador de una Magnani, desde su rostro a su vez surcado de cincuenta y tantísimos años de pequeñas grandes luchas de mujer en la profesión, historias y personajes. Pues sí -concluye-, la Magnani tiene mérito. Nunca se doblegó ante el sistema. Las actrices de Hollywood hoy reivindican lo que ella reclamó y conquistó para sí hace décadas.

Bien mirado, las arrugas de Arantxa son en realidad rasgos de carácter, muchos de ellos compartidos con Anna, como ella misma confiesa. A lo largo de estos cuatro años de ‘Magnani Aperta’ he descubierto la valentía para cantar frente al público, por ejemplo -Puede parecer banal, pero hacerlo como lo hace en su espectáculo no lo es en absoluto- También he explorado mi vulnerabilidad al exponerme llorando de verdad frente a los espectadores, sin distancia... ¡en mi propio salón!

Su casa o la de Anna, qué más da; llega un momento en que uno no aprecia la diferencia, se siente más voyeur que público; se comparte el pudor y la emoción desbordada a partes iguales. Este es un espectáculo realmente inmersivo, como dicen los críticos. Es que no es una obra de teatro -me aclara Arantxa-, sino una experiencia cinematográfica , incluso la iluminación está diseñada por un director de fotografía de cine, David Omedes. Todo es como una película ¡En ‘Magnani Aperta’ el espectador ve primeros planos!”

Otra cosa que Arantxa ha aprendido en las innumerables representaciones a lo largo de cuatro años, es a hablar italiano. Y menos mal, porque el cinco de abril de 2018, cuando el espectáculo ya había conseguido auparse entre los cinco más valorados de la cartelera española, fue reclamada por la “ciudad eterna”. Es algo que no se olvida, el momento mágico que justifica una carrera: estar interpretando a Anna, abrir la ventana y ver Roma a tus pies... Fue desde la Academia de España, acondicionada para ella, y aunque no me lo dice, por la emoción que desprende entiendo que en ese momento Arantxa se sintió de verdad Anna Magnani.

En un rincón de la escena descubro la foto de “la Populana” en un portarretratos. Está en un punto estratégico, desde donde ve toda la función, explica Arantxa. Yo me pregunto si al término del monólogo, cuando el público se ha ido, la Magnani se queda por allí, pululando; y al parecer así es, aunque limpio la energía con palo santo después de cada pase, porque yo también tengo que vivir en esta casa.

Resulta que Anna Magnani -y esto sí que no me lo esperaba, fue también un poco santera, y quizá eso explique la inquietante transmutación que efectivamente se da en Arantxa de Juan todos los jueves, viernes y sábados, a las ocho y media de la tarde, y los domingos a las ocho. En un descuido me acerco a la foto de la Magnani y le pregunto qué le ha parecido la interpretación. No dice nada, o sea que está conforme. De lo contrario es posible que hubiera respondido, “¡Puttana!”

Información y reservas: www.magnaniaperta.com

Humorista multidisciplinar: Guionista de televisión y viñetista desde los tiempos de “Diario 16”. La realidad no sólo supera a la caricatura sino también al dibujante.