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Captadas en redes y explotadas en pisos 24 horas: la nueva esclavitud del siglo XXI


  • Escrito por Sagrario Ortega
  • Publicado en Actualidad
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

De origen latinoamericano, sobre todo paraguayo y colombiano; mujeres captadas en las redes sociales con ofertas de un trabajo en Europa y obligadas a ejercer la prostitución en pisos 24 horas al día. Así operan las redes de trata de seres humanos con fines de explotación sexual, la nueva esclavitud de siglo XXI.

Hoy, 2 de diciembre es el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, fijado para conmemorar ese mismo día de 1949, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el convenio para la represión de la trata de personas y la explotación ajena.

Con motivo de esta conmemoración, EFE ha hablado con la teniente Elena Colás, de la Sección de Trata de Seres Humanos de la Unidad Técnica de Policía Judicial (UTPJ) de la Guardia Civil, ante el incremento "alarmante" de la explotación sexual de mujeres no solo en España, sino en el resto de la Unión Europea, donde también aumenta la preocupación por la trata con fines laborales, según afirma.

Bien sea por la mayor sensibilización de las fuerzas de seguridad ante esta lacra, bien por la "valentía" de la denuncia de algunas víctimas, lo cierto es que desde la pandemia ha aumentado el número de operaciones policiales contra este delito.

Colás pone como ejemplo a la propia Guardia Civil, que en lo que va de año ha incrementado en un 42 % el número de operaciones respecto a las mismas fechas de 2022.

De las operaciones ya cerradas en 2022 por el instituto armado en su ámbito de actuación se desprende que el 82 % de las víctimas son mujeres y que el 37 % de todas ellas (casi cuatro de cada diez) son de origen paraguayo.

Les siguen Colombia y España (con un 18 % en cada caso), Perú (9 %), Mali (9 %) y Venezuela, también con un 9 %.

Respecto a los autores, algo más de la mitad son mujeres. Y por nacionalidades, el 41 % son españoles, por delante de brasileños (18 %), Argentina, Colombia y Paraguay, con en torno a un 12 % en cada caso, y Mali (5 %).

A los expertos de la Guardia Civil les sorprende esa proporción de víctimas de Paraguay en España, mientras que no es así en el resto de Europa. Sorprende porque, como recuerda la teniente, se trata de un país pequeño.

De todos modos, la buena relación con las autoridades diplomáticas de Paraguay está contribuyendo a destapar la explotación de mujeres de esa nacionalidad. Además, según explica Colás, el consulado "trabaja muy bien para la protección de las víctimas", lo que puede redundar en un mayor número de denuncias de las propias mujeres.

Respecto a los autores, a esta agente de la UTPJ le llama la atención la cada vez mayor presencia de marroquíes, como se está constatando en las operaciones de este año. Y eso a pesar de que no hay tantas víctimas de ese país.

También se constata que entre las mujeres autoras de este delito se encuentran muchas antiguas víctimas de explotación.

Desde la pandemia, dice la teniente, han llegado más mujeres latinoamericanas a España, un país de paso también hacia Europa, especialmente hacia Alemania, Países Bajos y Francia. Casi siempre entran al continente europeo por los aeropuertos españoles.

Como la teniente pudo comprobar en la última reunión de Empact, una plataforma de Europol que aborda el crimen organizado y analiza desde la inteligencia sus "modus operandi", la explotación sexual de mujeres nigerianas, rumanas y búlgaras se ha frenado e, incluso, ha descendido notablemente.

En el caso de las africanas, la teniente subraya su "auge" en los años 2017 y 2018, con un penoso periplo para llegar a Europa por rutas de meses a pie, cuando no de años. Y siempre bajo la amenaza de sus captores de someterlas a rituales de vudú.

En torno a la pandemia, alguna autoridad religiosa con bastante ascendencia en ese país proclamó que nadie tenía que someterse a esas prácticas. Sea por lo que sea, lo cierto es que el número de víctimas de esa nacionalidad ha bajado mucho.

Como también se han reducido desde la pandemia las víctimas de origen rumano y búlgaro, debido quizá a que ha mejorado la situación económica de sus países, lo que las está animando a volver.

De la captación en origen a las redes sociales

También se ha observado un cambio en los modos de captación. La irrupción de las redes sociales ha "evitado" el desplazamiento de los tratantes a los países de origen.

A través de páginas web de anuncios o de las redes más usadas, las redes delictivas ofrecen trabajos en Europa de camareras, esteticistas, cuidadoras...

Los agentes de la Guardia Civil especializados en la lucha contra este tipo de delitos -comenta Colás- están asistiendo a jornadas de formación para la búsqueda online de indicadores de trata en fuentes abiertas.

Indicadores que pueden "saltar" en los propios anuncios, como los que buscan a personas vulnerables que necesita dinero, los que ofrecen un empleo para trabajar y vivir en el mismo lugar, los que prometen un horario flexible o los que dejan claro que no es necesario hablar el español.

Y también está cambiando el lugar donde son explotadas. El control por las fuerzas de seguridad de los clubes de alterne ha obligado a los tratantes a trasladar a las víctimas a pisos, donde permanecen 24 horas al día, hacinadas y permanentemente controladas.

Incluso controladas con dispositivos telemáticos si salen a ejercer la prostitución a domicilio.

Aún quedan clubes de alterne, de todos modos, como manifiesta la teniente, pero van cerrando porque las inspecciones se han intensificado.

Controles preventivos en esos locales que llevan a cabo las diferentes policías que, sin embargo, no lo pueden realizar con la misma facilidad en los pisos, donde solo pueden entrar con autorización judicial o ante un delito flagrante.

En los foros europeos se ha abordado esta problemática común en búsqueda de soluciones que faciliten la entrada en esas viviendas a los agentes.

Elena Colás ve en la explotación sexual una forma de convertir a la mujer en esclava, de cosificarla y de ponerla "al mismo nivel que una mercancía".

Para los tratantes es una fuente "inagotable" de dinero. "Las puede vender muchas veces", dice la teniente, quien hace una llamamiento a estas mujeres para que denuncien y se identifiquen ellas mismas como víctimas de trata de seres humanos.

Porque muchas veces son obligadas a consumir drogas o a venderlas y creen que la Policía las va a deportar y acusarlas por tráfico de estupefacientes. Lejos de ello, las fuerzas de seguridad las considerarán víctimas y serán protegidas.