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Quince días de protesta contra la amnistía en Ferraz: cada vez más violenta y organizada


  • Escrito por Lluís Lozano y Laura Camacho
  • Publicado en Actualidad
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Son más de las diez de la noche y alguien prende una bengala. Es la señal que esperan los grupos radicales que desde hace quince días se concentran ante la sede del PSOE, en la madrileña calle Ferraz, para pasar de la protesta pacífica a la acción, cada vez más violenta y organizada.

Todo empezó el día 3 de noviembre con la expresidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre auspiciando el corte de la calle. Después, en la sucesivas jornadas se alternaron el caos y la tranquilidad. Y ya con la investidura de Pedro Sánchez consumada, aumentó la presencia de miembros de grupos de corte ultraderechista.

"Tras unas primeras jornadas en las que los disturbios eran más caóticos, a medida que se han ido sumando estos grupos de ultraderecha se han hecho más programados y coordinados, hasta el punto de que hay una acción, fundamentalmente con las bengalas, que inician las acciones violentas", como han señalado a EFE fuentes policiales.

El lunes 6 se desató la violencia y los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) cargaron por primera vez contra un grupo conformado por cerca de 200 radicales "con el rostro cubierto y estética ultra" después de que lanzaran botellas de cristal y cortaran las bridas que sujetaban las vallas del cordón policial.

Ese día la Policía lanzó gases lacrimógenos, detuvo a tres personas e intervino una pala, tres palos de madera, una barra de hierro y tres extensibles. El siguiente, entre una multitud de 7.000 personas, los alborotadores volvieron a causar disturbios (arrojaron adoquines, entre otros objetos) y seis más fueron arrestados.

Sin embargo, no fue hasta el jueves 9 cuando la protesta junto a la sede socialista alcanzó su cota más alta: congregó a 8.000 manifestantes -la más numerosa hasta el momento- y 24 radicales fueron detenidos.

Siguieron días más calmados hasta los pasados miércoles y jueves, cuando se debatía la investidura de Sánchez en el Congreso. Así, se pudo observar una mayor presencia de radicales en las primeras filas de las concentraciones y la violencia volvió a tomar la calle.

Hasta la fecha, al menos 70 personas han sido detenidas por desordenes públicos y atentados contra la autoridad -la mayoría ya se encuentran en libertad-, mientras varias decenas de manifestantes, policías y periodistas han resultado heridos durante los disturbios.

Aunque hay concentraciones convocadas a lo largo del fin de semana, se desconoce durante cuánto tiempo más se prolongarán. "No habrá paz en Ferraz", corean los manifestantes a diario.

Los ultras, subrayan las fuentes, aprovechan las convocatorias de plataformas o ciudadanos de la sociedad civil sin ideología radical -la amplia mayoría de los concentrados- "para infiltrarse y provocar situaciones de violencia desmedida contras las fuerzas de seguridad, circunstancia que saben que les favorece de cara a su difusión mediática nacional e internacional".

Entre ellos destacan miembros de organizaciones de corte ultraderechista como Democracia Nacional, Hacer Nación o Bastión Frontal, y ultras del Real Madrid y del Atlético de Madrid. No están allí para protestar por la ley de amnistía, tampoco para mostrar su rechazo a la reelección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno: únicamente por la violencia, añaden.

Para concentrarse en las inmediaciones de la sede socialista se organizan a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, por donde reciben el apoyo de personajes mediáticos en internet y ciberactivistas.

El movimiento ultraderechista en España, apuntan a EFE las fuentes, no se ha caracteriza en los últimos años por ser violento en lo que refiere al activismo callejero vinculado con las manifestaciones, aunque sí en eventos deportivos o actividades delictivas.

Por ello, durante las primeras jornadas de protestas su organización fue más caótica y menos efectiva, algo que han revertido en dos semanas de disturbios.

La actuación de la UIP y de los agentes de Información de la Policía Nacional ha sido reprobada por los concentrados y representantes políticos, especialmente de Vox, quienes han participado de manera activa en las protestas y han puesto en duda el buen hacer del Cuerpo.

El jueves, el representante de Vox Javier Ortega Smith se dirigió al cordón policial con su carné de diputado para decirles a los agentes que acudía como observador y que llevaba cámaras para grabar si había excesos por parte de la Policía o de los manifestantes.

Este acto ha sido repudiado tanto por el Gobierno como por varios sindicatos policiales, quienes le han acusado de "coaccionar" y "fiscalizar" a los agentes, así como intentar "instrumentalizar" el Cuerpo.

Los manifestantes, a quienes Ortega Smith calificó como "gente de bien" que ama España, también la han tomado con la Policía, a cuyos agentes increpan a diario, dedican cánticos ofensivos -relacionados con su salario o sus mujeres- y arrojan objetos y pirotecnia.

Los periodistas se han convertido en otro de los principales blancos de los manifestantes. A ellos les han proferido una amplia variedad de insultos y han llegado a hostigar físicamente a fotógrafos, cámaras y reporteros de televisión, un clima similar al que se enfrentaron los informadores durante las protestas contra la sentencia del 'procés' en 2019.

Un profesional de La Sexta sufrió una herida leve al rebotarle una botella de cristal arrojada por los radicales y dos, uno de 'El Mundo' y otro de 'El Español', fueron arrestados por supuestamente lanzar objetos a los policías, algo que ambos medios consideran falso y por lo que pretenden emprender acciones legales contra la Policía.