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La “Operación 1027” o por qué Birmania atraviesa el conflicto más grave de los últimos años


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Una ofensiva de numerosas guerrillas relacionadas con diferentes etnias ha sumido a Birmania en uno de los momentos más tensos de los últimos años. La “Operación 1027”, que así se llama por el día en que se puso en marcha, el pasado 27 de octubre, es posiblemente la amenaza más seria a la que se ha enfrentado el régimen militar que gobierna el país.

La situación ha despertado la inquietud de Estados vecinos como la India y China, en tanto que el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, se ha declarado “profundamente preocupado” por la situación.

A continuación, una serie de claves sobre la crisis que está viviendo Birmania.

Contexto

Birmania se denomina República de la Unión de Myanmar desde 2008.

Se trata de un Estado ubicado en la zona suroriental de Asia, y limita al noroeste con Bangladesh y con la India, al norte con China, al noreste con Laos y al sureste con Tailandia.

La población es de casi 54 millones de habitantes, según estimaciones de 2022.

La historia reciente de Myanmar está marcada por el poder de su Junta Militar a pesar de los cuatro procesos electorales en los que se ha embarcado desde 1990.

Tres hitos desde entonces:

  • La apuesta por una transición a la democracia que hizo el Ejército a primeros de siglo como consecuencia del aislamiento internacional y de las sanciones económicas. Este camino culminó en 2008 con el aval ciudadano a una nueva Constitución.
  • Las elecciones que ganó en 2015 un figura histórica de la oposición a los militares: Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz, puesta en libertad cinco años antes.
  • El golpe de estado que dio la Junta Militar el 1 de febrero de 2021 tras las elecciones de noviembre de 2020, que venció Suu Kyi por segunda vez consecutiva.

La represión militar ha provocado desde entonces miles de muertes y miles de detenciones.

La “Operación 1027”: génesis

El 27 de octubre de 2023, una fusión de guerrillas de minorías étnicas, llamada “Alianza de la Hermandad”, inició una ofensiva por el noreste y el centro del país.

Inicialmente, en 2019, formaron la Alianza el Ejército de Arakán, el Ejército de Liberación Nacional Ta’ang (TNLA) y el Ejército para la Alianza Democrática de Birmania (MNDAA). Se cree que 15.000 guerrilleros la componen y que dispone de un moderno arsenal de armamento.

A la Alianza se han unido ahora milicias como el Ejército de Independencia Kachin (KIA), el Ejército de Liberación del Pueblo Bamar, la Fuerza de Defensa Karenni e incluso las fuerzas patrióticas de defensa (PDF).

Este último sector, integrado sobre todo por jóvenes sin experiencia bélica que se lanzaron a la lucha armada tras la asonada del 1 de febrero de 2021, es el brazo armado del Gobierno de Unidad Nacional (NUG), autoproclamado autoridad legítima del país desde el golpe militar.

Primeros logros

En pocos días, según contaron fuentes de la Alianza el 9 de noviembre en redes sociales, las milicias se hicieron con el control de seis ciudades en las regiones de Shan y Sagaing, en las zonas nororiental y central de Birmania.

Pero este viernes indicaron que, desde el comienzo de la operación, son ya 10 las ciudades arrebatadas a la Junta Militar.

Además, se habrían apropiado de más de 140 bases militares del Gobierno castrense de Birmania.

Extensión del conflicto hacia el norte, el centro y el oeste

El pasado 16 de noviembre irrumpió en el escenario una guerrilla más, representante de otras de las minorías étnicas de Birmania. Se trata de La Fuerza para la Defensa del Pueblo Chin, con la que colaboran guerrilleros del Frente Nacional Chin.

Ese día, dicho grupo armado anunció que había arrebatado al Ejército el control de una población montañosa en la frontera con la India, Rikhawdar, en el noroeste.

Las informaciones señalan que el conflicto abarca ya regiones como Rakáin, Sagaing, Magway o Kayah y que se están uniendo diversas milicias más, lo que apunta a un claro efecto dominó de la actuación rebelde.

Asimismo, se estarían dando deserciones de soldados en las tropas oficiales. Algunos medios locales señalan que se habrían efectuado ya unas 750.

Y algo esencial: la ofensiva avanza hacia Mandalay, la segunda ciudad del país tras Rangún.

La respuesta de la Junta Militar

A primeros de noviembre, el Gobierno militar de Birmania decretó el toque de queda en una importante ciudad del oeste del país, Sittwe. Es una muestra de la capacidad de expansión de las guerrillas que impulsan la “Operación 1027”.

Las restricciones son considerables: prohibición de salir a la calle después de las 21.00 horas (horario local), cierre de restaurantes y tiendas a las 20.30 horas y bloqueo de carreteras por parte del Ejército en el citado estado de Rakáin.

La Junta, además, declaró la ley marcial en ocho municipios del estado de Shan, en el noreste.

El Gobierno ha admitido que, debido a la acción de las diferentes guerrillas, existe riesgo de fragmentación nacional.

Los combates se suceden desde entonces en las zonas mencionadas, e incluso se estarían intensificando.

Este pasado miércoles, de hecho, la aviación de la Junta Militar ha perpetrado un ataque aéreo en un enclave del oeste del país y al menos 13 personas habrían perdido la vida, según la organización Chin Human Rights, si bien otras fuentes no descartan que pueda haber menores entre los fallecidos.

Consecuencias humanitarias

Naciones Unidas ofrece cifras estremecedoras. Más de 200.000 personas han sido desplazadas por los combates entre la Junta Militar y las guerrillas rebeldes. Precisa que 75 civiles han fallecido y que casi 100 han resultado heridos.

En el estado de Shan, en donde comenzó la “Operación 1027” y en donde continúan combates cada vez más encarnizados en al menos 10 ciudades, se han producido ya unos 60.000 desplazamientos.

La Oficina de la ONU para la coordinación de asuntos humanitarios señala que un número indeterminado habría partido hacia China.

En el estado de Chin, en el oeste del país, fronterizo con la India, se calcula que unas 6.000 personas buscan refugio al otro lado de la frontera. El Gobierno indio ha expresado ya su preocupación por lo que está ocurriendo.

La etnia rohinyá es una de las más hostigadas. Desde que el Ejército comenzara en 2017 una ofensiva contra esta población, por la que pesa una acusación de genocidio en la Corte Penal Internacional, la cifra de desplazados no ha parado de crecer.

Los actuales enfrentamientos agravan su situación y cientos de personas están huyendo a Indonesia por mar.

La sombra de China

La sombra de China planea sobre el conflicto.

Y todo por lo que desde hace tiempo está ocurrido en Laukkai, una ciudad del estado birmano de Shan, cerca de la frontera china. Birmania y China comparten más de 2.100 kilómetros de frontera.

Esta urbe es conocida, entre otras cosas, por la actividad de sus casinos, pero también por haber sido centro de una serie de estafas on line tras las que supuestamente estarían mafias de trata de personas.

Las víctimas son ciudadanos de muchas nacionalidades, entre ellos chinos, por lo que Pekín manifestó su malestar por lo sucedido e instó a acabar con estas tramas.

Como en el estado de Shan comenzó la ofensiva rebelde, y dado que uno de los motivos que la Alianza esgrimió para hacerlo ahora era justamente la lucha contra esas mafias, en línea con lo que China había reclamado, han surgido suspicacias.

Además, algunas de las guerrillas que instigaron la sublevación contra la Junta Militar tienen un largo historial de sintonía étnica, económica y militar con la segunda economía mundial.

El punto de vista de un experto

El experto en seguridad en Birmania de la consultora IHS-Jane’s Anthony Davies consideró, en declaraciones a EFE, que la “Operación 1027” es una amenaza real para el régimen militar, “la más seria desde la independencia” del país en 1948.

Sobre la posible implicación de China, afirmó que “no es posible que no estuviera al corriente de que esto iba a ocurrir”, indica a antes de remarcar: “Puede haber un motivo mayor, y es que China crea ahora que el régimen militar es incapaz de controlar la situación a nivel nacional y quiera pasar el control a grupos en los que pueda confiar”.