HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

El realizador nipón Kubota, liberado en Birmania: “Fui usado como propaganda”


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

"No me cabe duda de que fui usado como una herramienta de propaganda", dijo este lunes el realizar y documentalista japonés Toru Kubota en su primera rueda de prensa tras ser liberado recientemente de una prisión birmana.

Kubota, de 26 años, fue excarcelado el pasado día 17 por una amnistía de la junta militar que gobierna Birmania (Myanmar), tras pasar cerca de cuatro meses en prisión.

Poco más de una semana después de regresar a Japón dio su primera rueda de prensa para narrar su experiencia y hablar sobre el país, un testimonio con el que espera que "la situación de esas personas cuyas vidas están en juego en Birmania (...) mejore un poco".

Kubota fue detenido en julio mientras filmaba unas protestas civiles en Rangún contra la junta y fue condenado a cumplir una década en prisión por incitar a la disidencia, violar las leyes de telecomunicación locales y también las de inmigración.

El realizador entró en Birmania a mediados de dicho mes con un visado de turista en la que marcaba su primera visita tras tres años. Su objetivo era filmar un documental sobre un conocido, activista por los derechos humanos, que decidió quedarse en el país tras el golpe de Estado militar de febrero de 2021.

El cineasta japonés apenas percibió cambios en la ciudad, pero se dio cuenta de que "la tranquilidad era sólo en apariencia".

Durante su breve tiempo en libertad (sería detenido poco después de su llegada), Kubota habló con un hombre que permaneció detenido medio año por publicar críticas sobre la junta en Facebook o con una mujer sin hogar cuyo poco dinero era requisado por la policía.

"En Birmania vivir fuera o dentro de una prisión es lo mismo", recuerda que le dijo un amigo antes de ser arrestado. La gente allí "puede ser detenida en cualquier momento, siempre tienen ese miedo".

Las manifestaciones no están permitidas, bajo riesgo de ser detenido y ante la violencia ejercida por las autoridades. Por ello son puntuales y surgen espontáneamente, sin previo aviso de hora o lugar, a modo de "manifestación flash".

Kubota se hizo pasar por un transeúnte para grabar y cuando se disponía a marcharse se dio cuenta de que un vehículo lo acechaba y fue detenido.

Pasó más de una semana en una comisaría, en una habitación de 2 por 5 metros con más de 20 personas, con un sólo retrete, donde no entraba la luz del día, la suciedad se acumulaba en las pareces y hasta en el techo, y donde había que "plegarse" para dormir.

Durante su estancia allí constató que algunos prisioneros "mostraban señales de haber sido agredidos", con magulladuras.

Kubota asegura que una vez detenido se le obligó a posar con una pancarta protesta en el exterior, una fotografía que sería usada en su contra como prueba para los cargos de sedición.

En un principio lo trataron bien, pero la actitud de los policías se volvió hostil cuando descubrieron su trabajo sobre los rohinyás, la minoría musulmana perseguida en el país de mayoría budista.

El 4 de agosto fue trasladado a la prisión de Insein de Rangún, donde permaneció en una celda de aislamiento hasta su liberación.

La noticia la recibió repentinamente. "Me dijeron que me diera prisa, así que tuve unos minutos para recoger mis cosas", entre las que se llevó mensajes de otros presos. Kubota no quiso revelar cómo se hizo con ellos, por temer por su seguridad.

Entre ellos rezan consignas como: "Si tú no te revelas, ¿quién", "Larga vida a la revolución" o "Esta revolución debe triunfar lo antes posible. Debe triunfar", según las copias facilitadas.

Considera que su puesta en libertad, junto a la del economista australiano Sean Turnell, asesor económico de la depuesta líder Aung San Suu Kyi, y la diplomática británica Vicky Bowman, exembajadora del Reino Unido en el territorio, intenta blanquear a la junta.

"Algunas personas fueron liberadas, pero eso no cambia el hecho de que cerca de 12.000 todavía están detenidas", señaló Kubota, que también recordó que, según datos de ONGs locales, más de 2.500 han muerto por la brutal represión de las autoridades.

El ejército justifica el golpe de Estado por un presunto fraude masivo durante las elecciones de noviembre de 2020, cuyo resultado ha sido anulado y en las que el partido de Suu Kyi arrasó, como ya hizo en 2015, con el aval de observadores internacionales.