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EL PERIÓDICO
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Pride, orgullo gay, orgullo minero...


Al inicio de los 80 varios fantasmas recorrían Europa y el mundo:

1) La irrupción de ideologías ultraliberales sustentadas por gobernantes autoritarios y cuasi fascistas como Ronald Reagan en los USA y Margaret Thatcher en el Reino Unido.

2) El ascenso del Movimiento Gay reclamando respeto e igualdad de derechos civiles para los y las homosexuales.

3) El azote del sida, con su reguero de muertes, y la alegría de los reaccionarios inhumanos que lo consideraban un merecido castigo a las perversiones homosexuales.

4) Las luchas obreras y gays contra el ultraliberalismo y el autoritarismo ambiental.

En el Reino Unido, en aquella época, confluían con fuerza todos estos fenómenos. Mandaba la Thatcher, que llegó al poder con los votos, como Hitler, y lo ejerció brutalmente, casi como el antedicho; el Movimiento Gay se organizaba, cobraba fuerza, se hacía visible, sufría y resistía, nacía el Día del Orgullo Gay; el sida y la heroína se ensañaban con jóvenes activistas gays por los derechos civiles; el Movimiento Obrero y Sindical libraba durísimas batallas contra la Thatcher y un decadente empresariado que la utilizaba como muleta de hierro para romperle el espinazo a la Clase Trabajadora. No otra cosa fue la heroica Huelga Minera de 1984 y 1985, casi un año duró, que libró el mítico Sindicato Nacional de Mineros y el no menos mítico lider Arthur Scargill, al que conocí en un evento internacional de la época.

Aquella huelga épica, modelo de unidad, de resistencia, de solidaridad, de combatividad en defensa del Trabajo y del Carbón, un recurso energético clave en la historia del Reino Unido y el único sustento para centenares de miles de familias mineras en las principales cuencas británicas, en Gales muy especialmente…

Esa huelga la ganó la Thatcher con medidas parafascistas como secuestrar la Caja de Resistencia de los mineros (en aquel mismo año fundamos la de la USO), cortar los subsidios a sus familias, a sus niños y ancianos, a los ayuntamientos de las cuencas, cortar la luz, el gas, el agua en los valles mineros por forzoso impago de unos huelguistas heroicos y exhaustos…

La Thatcher les venció por hambre pero ese año de huelga de los mineros británicos es ya una de las grandes gestas históricas del Movimiento Obrero y Sindical en el mundo…

La Thatcher nunca ocultó su estrategia siniestra: había que destruir el Carbón, el Sindicalismo, la cultura y los valores del Trabajo, por ser antitéticos con el ultraliberalismo y el capitalismo salvaje al que da soporte esa supuesta ideoliogía …

Y en esas estamos 30 años después. Pues bien, con esos fabulosos materiales el cine británico ha producido una película maravillosa, PRIDE, que he visto estos días al calorcillo del buen precio de las entradas en la Fiesta del Cine que se celebra en toda España. Una película que animo a verla, a recomendarla, a que se empapen de los valores e ilusiones que proyecta.

Imagínense qué situaciones: Un grupo de gays, a medio salir del armario muchos de ellos, deciden organizarse y pedir dinero por las calles para hacerlo llegar a los mineros en huelga en un pequeño pueblo, uno de tantos, en Gales del Sur.

El choque de prejuicios endémicos entre el machismo minero y la sensibilidad gay; el esfuerzo de la buena gente para tender puentes entre ambas orillas buscando la comprensión mutua y el encuentro sincero; buena gente que encabezan mujeres de mineros bravas y cargadas de sentido común, algunos viejos sindicalistas que no tienen prejuicios porque son bondadosos porque sí, porque siempre lo fueron, algunos jóvenes activistas gays con argumentos lapidarios. “si la Thatcher nos persigue, nos difama, nos condena al sida, nos jode vivos, quiere destruirnos … igual que quiere destruir a los mineros, a su sindicato, a su carbón, a sus pueblos, a su trabajo y a su vida … pues entonces gays y mineros somos una misma lucha, una misma resistencia, una sola solidaridad…”

Hay momentos desternillantes, como el baile de los gays y las mujeres de los mineros en el bar del pueblo, mientras ellos observan con cara entre asombro y asco explícito. Pero, sobre todo, hay momentos de una fortísima carga emotiva (con qué facilidad lloran los viejos sindicalistas, coño), como cuando desfilan los mineros ya derrotados por su aldea con sus estandartes y su banda de música al frente (la misma de “Tocando el viento”, ¿recuerdan?), o cuando el señor ya de edad, cuyo hermano se tragó la mina en la flor de la vida, cuenta a los gays la famosa leyenda que mitifica la ancestral cultura minera del carbón; la de la veta que arranca en Asturias, en La Camocha, corre bajo el mar atravesando el golfo de Vizcaya, brota en Bélgica y en Gales y sigue bajo el mar hasta volver a brotar en Pensilvania, al otro lado del Atlántico…

No quiero destripar el final, pero los mineros y sus mujeres llegando en autobuses, a pesar de su amarga derrota, al centro de Londres para unirse a los gays en el Día de su Orgullo, como correspondencia solidaria a cuanto ellos hicieron para apoyar la huelga… es demasiado fuerte para quienes hicieron del Trabajo, de las clases trabajadoras, del sindicalismo, de la solidaridad y de los derechos civiles de todo el mundo los motivos de una vida …

Qué bueno y esperanzador que esta película esté basada en hechos reales.