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Los socialistas ante el asesinato de Francesc Layret en 1920


Francesc Layret / Fotografía de una obra incluida en el catálogo Art Públic de Barcelona / Wikipedia. Francesc Layret / Fotografía de una obra incluida en el catálogo Art Públic de Barcelona / Wikipedia.

Francesc Layret fue asesinado el 30 de noviembre de 1920, ahora hace cien años, por pistoleros del Sindicato Libre cuando salía de su casa para interesarse por la detención de un nutrido grupo de republicanos, nacionalistas y sindicalistas, por orden del gobernador Martínez Anido, y entre los que se encontraba su amigo Lluis Companys, Salvador Seguí y Martí Barrera, entre otros. Nos encontramos en la Barcelona de intensas tensiones y de violencia en la posguerra de la Gran Guerra.

Layret es un personaje clave en la historia política del republicanismo nacionalista progresista de la Cataluña de los primeros decenios del siglo XX, estando y participando en la formación y transformación de distintas formaciones políticas (en El Obrero le hemos citado en muchas ocasiones al tratar de los partidos en Cataluña), sin olvidar una clara dimensión social, ya que se dedicó a defender, como abogado, a los miembros de la CNT, además de casi ser su voz en el Congreso de los Diputados. Como concejal del Ayuntamiento de Barcelona fue uno de los primeros que se preocupó de la dimensión cultural de la política municipal y a favor del catalán.

Su asesinato provocó una oleada de indignación en Cataluña y en España. En este sentido, este artículo refleja la reacción de los socialistas.

En el número del primero de diciembre de 1920, justo al día siguiente del asesinato, el periódico socialista denunciaba tanto este hecho, como la deportación de los detenidos, que iban a ser defendidos por Layret, al castillo de La Mola en Mahón.

El crimen era considerado como abominable, pero también era así calificada la deportación, para dar satisfacción, según el periódico, a los deseos de venganza de la burguesía. Y todo eso no resolvía ni el problema social ni terminaría con el terrorismo.

Y no lo hacía por mucho que el gobernador civil, Martínez Anido, había asegurado que acabaría con el terrorismo. A las pocas horas de esta declaración, como sabemos, Layret caía muerto a balazos.

Por otro lado, el periódico censuraba las declaraciones del general, al afirmar que estaba dispuesto a reformar las leyes, y de que se arrepentía de no haber detenido también a Layret porque, en ese caso, la habría salvado la vida.

El periódico se preguntaba si no evitando el crimen de la calle de Balmes, alejando arbitrariamente a las presuntas víctimas del terrorismo y dejando en libertad a los asesinos se combatía realmente el terrorismo.

Pero lo que había hecho el gobernador, en realidad, era responsabilidad del Gobierno, mediatizado por el poder de las Juntas de Defensa. Se acusaba al Gobierno de provocar el terrorismo por apoyar las pretensiones de la burguesía catalana, que nunca había permitido que se limitaran sus privilegios. El terrorismo nacía, precisamente, y siempre siguiendo la tesis del artículo, de la actitud de dicha burguesía que habría cerrado las fábricas a toda innovación y al paso de cualquier “idea generosa”. Dicha burguesía necesitaba, aunque fuera recurriendo a la violencia, perpetuar su “sistema de explotación industrial”.

Quien favorecía el terrorismo no podía gobernar con la misión de suprimirle.

Y el artículo terminaba señalando que era indispensable que las fuerzas políticas liberales hablaran claro y alto. No existía el derecho al silencio cuando se atropellaba a una clase o a un sector de la misma, y se amparaba un asesinato. Si los liberales, reformistas y republicanos callaban demostrarían su complicidad con Dato. Por eso, los socialistas esperaban que hablasen.

Como fuente hemos empleado el número 3684 de 1 de diciembre de 1920 de El Socialista.

Como apuntábamos en el inicio del artículo, en El Obrero nos hemos acercado a Layret, aunque no de forma monográfica, pero sí a la hora de estudiar las formaciones políticas catalanas en los primeros decenios del siglo XX, y podemos ver estos trabajos en la Hemeroteca.

Por otro lado, existe una obra curiosa sobre el final de Layret, de la mano del periodista español en Argentina, Francisco Madrid, Las últimas veinticuatro horas de Francisco Layret, Buenos Aires, 1942.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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