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Nagorno Karabaj, ni guerra ni paz


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

La autoproclamada república de Nagorno Karabaj, en territorio de Azerbaiyán, pero poblada por armenios étnicos, afronta estos días una de las mayores escaladas de tensión desde el fin de la guerra de otoño de 2020.

"Estamos afrontando una amenaza existencial lo que requiere mantener la sangre fría, ser profesionales, patriotas, organizar bien el trabajo y tener paciencia", dijo a Efe el responsable de Exteriores de la no reconocida entidad, David Babayán.

Las tensiones armenio-azerbaiyanas en la región separatista estallaron el pasado 3 de agosto, cuando según las autoridades locales las tropas de Azerbaiyán violaron el alto el fuego vigente desde hace casi dos años, lo que fue confirmado por los militares rusos desplegados en la zona en el marco de una misión de paz. Los incidentes armados causaron dos muertos y una veintena de heridos en las filas karabajíes.

Bakú, por su parte, culpó a los separatistas de la muerte de un soldado y afirmó que había llevado a cabo una operación de represalia. Con todo, admitió haber tomado varios altos en el territorio de la autoproclamada república en el marco de unas acciones de "venganza".

Las nuevas tensiones en la región coinciden con los preparativos para la salida de los karabajíes del corredor de Lachín, que une Armenia con la autoproclamada república y cuyo control tiene que pasar a Azerbaiyán de acuerdo con el acuerdo sobre el alto el fuego, firmado en 2020.

DE RUTA DE VIDA A CORREDOR DE LA DISCORDIA

El "cordón umbilical" entre Armenia y Nagorno Karabaj es ahora uno de los principales temas de debate en las sociedades armenia y azerbaiyana al aproximarse la fecha acordada para el desalojo de la zona.

La nueva ruta se encuentra a pocos kilómetros al sur del actual corredor, pero no cruzará la ciudad de Lachín (también conocida como Berdzor), capital de la homónima región azerbaiyana, que los armenios abandonaron tras el fin de la guerra, que dejó miles de muertos en ambos bandos.

"Durante los combates de otoño de 2020, Azerbaiyán liberó la mayoría de los territorios ocupados. Para evitar una derrota completa, Armenia se comprometió a retirar las tropas de las regiones de Agdam, Kelbajar y Lachín", señala el diputado y politólogo azerbaiyano, Rasim Musabékov.

Sin embargo, "dado que la única carretera que conecta Armenia con la parte de Karabaj poblada por armenios pasaba por la ciudad de Lachín, Azerbaiyán accedió a un compromiso que preveía el despliegue temporal de fuerzas rusas" en el corredor de Lachín, agrega.

Musabékov recalca que las partes acordaron construir una nueva carretera que eludiría la ciudad de Lachín, adonde se trasladarían efectivos del contingente ruso, una vez que el antiguo corredor fuese entregado a Bakú.

Agrega que Azerbaiyán cumplió con su parte antes del tiempo estipulado y ahora espera hacerse con el control de Lachín para finales de agosto.

La principal preocupación de los armenios ahora es el futuro de la infraestructura clave para la supervivencia de Nagorno Karabaj, que se construyó a lo largo del corredor de Lachín e incluye un gasoducto y líneas de electricidad.

El diputado azerbaiyano asegura que no hay una prohibición expresa para el uso de estas infraestructuras por la población armenia de Karabaj, "pero todo dependerá del cumplimiento de los puntos del acuerdo" de 2020.

DIÁLOGO SIN CONFIANZA

Azerbaiyán acusa a Armenia de incumplir el pacto en el apartado que se refiere al repliegue de las tropas armenias de la región. Armenia a su vez asegura que sus militares han abandonado Nagorno Karabaj, donde queda únicamente las fuerzas karabajíes y culpa a Bakú de violar otro punto del acuerdo, el que estipula la devolución de los prisioneros de guerra.

Con todo, las partes se encuentran inmersas en unas complicadas negociaciones sobre la delimitación de la frontera común, una tarea pendiente desde el colapso de la URSS y motivo de varios enfrentamientos armados tras el fin de la guerra de 2020.

Aunque las conversaciones avanzan con lentitud y desconfianza mutua, los esfuerzos para abrir una página de paz en el Cáucaso Sur surten sus primeros efectos y las partes ya han creado comisiones para la delimitación de la frontera.

También han aumentado los contactos bilaterales, lo que incluye llamadas telefónicas entre los ministros de Exteriores armenio y azerbaiyano, algo impensable hasta hace pocos años. Los líderes de Armenia y Azerbaiyán también se han reunido en varias ocasiones en presencia de mediadores de Moscú o Bruselas y se baraja la posibilidad de una reunión bilateral entre ambos.

Otro encuentro trilateral a alto nivel podría tener lugar a finales de agosto en la capital rusa, según fuentes locales. Paralelamente, las autoridades azerbaiyanas insistieron esta semana en que la única opción que tienen ahora los armenios de Karabaj es integrarse en la sociedad azerbaiyana.

Los karabajíes desconfían de las palabras de Bakú, convencidos de que al perder su frágil independencia - no reconocida hasta ahora por ningún país del mundo - correrán el riesgo de la aniquilación.

Y es que las divergencias entre las partes son tan grandes que pese a los valiosos esfuerzos de normalización, es probable que la paz aún tarde en instalarse en esa sufrida región.

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